Roberto Brasero recuerda que continuamos buscando señales peligrosas

01.02.10.- El viento es uno de los peores enemigos para la estabilidad de la señalización, puesto que es el culpable de que muchas señales estén dobladas, caídas o torcidas con el consiguiente riesgo que suponen para la seguridad vial.

Los mejores ejemplos los encontramos en Sevilla, la señal que nos envía Javier Pascual está apuntando a la carretera y en pendiente. Supone un gran riesgo si un coche tiene la mala suerte de chocar contra ella. Habría que enderezarla o, si es necesario, sustituirla para que vuelva a señalizar el peligro para el que fue colocada y deje de constituir un peligro en sí misma.

Otra señal caída es la que nos envía Julia Terrón desde Huelva. No sólo es peligrosa por cómo está, en el suelo, o por dónde está, en un paso de cebra, sino también por donde ha dejado de estar, puesto que ya no se sabe quien hará ese Stop.

La vegetación también es una gran enemiga para la visibilidad de las señales, que en muchas ocasiones aparecen tapadas por ramas y arbustos. Cuando llegue la primavera seguramente veremos más señales ocultas por este motivo. Como sucede en Jaén con la señal que  nos envía Paulino González. Precede a una rotonda e indica un ceda el paso, pero queda literalmente engullida por unos pinos casi al pie de la calzada. Es una carretera con tráfico constante, por lo que hay que podar los pinos o reubicar la señal.

> Siga la previsión del tiempo en el blog de Roberto Brasero.